5/08/2010

Cosas que probablemente echaré de menos



Hoy al final he recibido correo, después de todo el sarao aéreo que ha habido por aquí durante el último mes. La llegada de mi querido monstruo de las galletas me ha dado energía suficiente para ir y venir de un lado a otro y por la tarde hacer un poco de maruja por casa... Cuando al fin ha llegado la hora de darse un descanso, he ido a la nevera y me ha echado a gritos porque sólo quedaba un tupper con parmesano, un huevo, un bote de flytande mantequilla y medio limón en sus gélidas entrañas (he decidido cuidarme y paso de mezclas chungas con estos tres elementos básicos de mi dieta escandinava). Ha sido entonces cuando he decidido recuperar mi polar pelusín (puesto que he despertado de la ilusión de ver sol por la ventana y pensar que va a hacer menos frío), ponerme el gorro y los cascos, pillar la cámara por si las moscas y enchufarme Riendas de Regaliz a la cabeza. Después de una hora destinada a elegir verduras y frutas y haber hecho cola conjuntamente con pequeños saltamontes en fase de experimentación capilar con las hormonas alteradas y muchos clips y cintas en el pelo, para pasar por caja y tener que volver a decir "sorry?" cuando la cajera intenta decirme que mi tarjeta no va, o en el caso de hoy, que me ha preguntado si había conseguido hacerme con todo lo que fuese de mi agrado (en el transcurso de la traducción, la amable intervención ha ido perdiendo la gracia... soy una aguafiestas!), he salido del súper y justo al pasar por una calle que rompe, mis pies han decidido tomar otra dirección para acercarse a la intensa luz roja que venía del río. He acabado disfrutando de la puesta de sol desde mi sitio favorito, que es este, otra vez. :)

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